En una cazuela, ponemos todos los ingredientes juntos (las costillas, el limón, el curry, la miel y la sal) a fuego medio-bajo.
Tapamos muy bien la cazuela y dejamos que se cocine todo poco a poco con el propio jugo que suelta la costilla.
El punto exacto para saber que están listas es cuando la carne empiece a despegarse del hueso. ¡Esa es la señal!
Si ves que el jugo se ha consumido pero la carne aún no está tierna, podemos añadir un poquito de agua y seguir cocinando hasta que se evapore y queden en su punto.